
Una incursión armada durante un encuentro deportivo en Salamanca, Guanajuato, resultó en la muerte de 11 personas y dejó a otras 12 heridas el pasado domingo 25, consolidando a la región como uno de los focos de violencia más críticos del país.
El ataque ocurrió cuando sujetos armados abrieron fuego contra los asistentes en un campo de fútbol local; según el reporte municipal, diez víctimas fallecieron en el lugar y una más en el hospital, mientras que los sobrevivientes permanecen bajo atención médica por impactos de bala en un contexto de inseguridad que también registró el hallazgo de restos humanos en la misma localidad el sábado por la noche.
A pesar de su relevancia como centro industrial y turístico, Guanajuato enfrenta una crisis persistente debido a las disputas entre grupos del crimen organizado por el control del tráfico de drogas y el robo de combustible.
Estos hechos violentos desafían el optimismo de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien recientemente destacó que la tasa de homicidios en México alcanzó en 2025 su punto más bajo en una década. La disparidad entre las cifras oficiales y la brutalidad de ataques en espacios públicos mantiene en alerta a la sociedad civil y a las fuerzas de seguridad federales.
Tras la masacre, las fuerzas de seguridad locales y federales desplegaron un operativo de búsqueda para localizar a los perpetradores, aunque hasta el momento no se han reportado detenciones. La Fiscalía estatal ha tomado control de la escena para recolectar evidencia y determinar si el ataque está vinculado a las células delictivas que operan en el corredor industrial. Este incidente subraya la complejidad de la estrategia de seguridad nacional en territorios donde el control territorial de los carteles sigue desafiando la autoridad del Estado.
