
Por César Zumaeta Flores
Candidato al Senado por el APRA
Artículo de opinión
Durante años nos dijeron que la pobreza era un problema complejo y de largo plazo. Es cierto. Lo que no es cierto es que el Estado peruano no pueda derrotarla con decisión, inteligencia y liderazgo. Hoy, el 27.6% de los peruanos vive en pobreza y el 5.5% en pobreza extrema. No son cifras: son millones de familias sin ingresos suficientes, niños con carencias y jóvenes sin futuro. El Perú no necesita más discursos; necesita gobernar bien.
El problema no es la falta de recursos, sino cómo se gobierna. El Estado gasta mal, sin foco, sin información precisa y sin medir resultados. No sabe exactamente dónde está la pobreza, no prioriza dónde cada sol reduce más carencias y casi nunca verifica si una política sacó realmente a una familia de la pobreza. Eso no es ideología: es falta de inteligencia estratégica.
Reducir la pobreza en 20 puntos en cinco años es posible y ya lo hicimos. El Perú debe volver a crecer al 6% o 7% anual con inversión, empleo formal, productividad y estabilidad. Entre 2006 y 2011, durante el segundo gobierno del presidente Alan García, la pobreza cayó más de 20 puntos y la pobreza extrema se redujo a la mitad. No fue casualidad: fue conducción política firme, crecimiento sostenido y un Estado al servicio del pueblo. Si se pudo entonces, se puede ahora.
Pero crecer no basta. El Estado debe gobernar con datos, mapas e inteligencia artificial, focalizando con precisión, impulsando empleo e ingresos, atacando la pobreza extrema desde la primera infancia, llevando servicios básicos donde cambian el destino de una comunidad y cumpliendo obras sin corrupción ni retrasos. Cada sol público debe ir exactamente donde más pobreza reduce.
Hoy el Perú está cansado de la improvisación, del miedo y de la mediocridad. Está cansado de gobiernos que administran la pobreza en lugar de derrotarla. Ha llegado la hora de recuperar la autoridad moral del Estado, la valentía para decidir y la mística para gobernar. Este no es un salto al vacío: es volver a un camino que ya dio resultados. Con experiencia, con coraje y con el pueblo como prioridad, la pobreza se enfrenta y se vence. El Perú no está condenado al atraso. El Perú está llamado a levantarse otra vez.
