
Además del muérdago (viscum album), planta semiparásita de uso tradicional en adornos festivos, otro regalo de la naturaleza se hace presente en los hogares que se preparan para la Natividad de Jesús: la Flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima).
Presente en coronas navideñas, bases para velas y guirnaldas, esta integrante de la familia de las euforbiáceas puede cultivarse en el jardín durante todo el año, pero se convierte en un símbolo de la magia de la celebración y el invierno, época en la que florece. Bajo el desarrollo de ciertas culturas prehispánicas, la Flor de Pascua se convirtió en centro de prácticas sagradas y de curación.
El reconocimiento de una flor sagrada
El registro de las primeras Flores de Pascua está en pueblos indígenas de Mesoamérica, radicados precisamente en México y Guatemala. Los nativos valoraban inmensamente la flor, que crecía en época decembrina en regiones como Taxco y Cuernavaca. Los aztecas la llamaban “cuetlaxochitl” (flor brillante), mientras que los mayas la nombraron “k’alul wits” (flor de brasa). La savia blanca que emanaba era muy útil para fines medicinales, como la estimulación de leche en mujeres lactantes. También se usaba como ofrenda a los dioses.
Con la llegada de frailes franciscanos en el siglo XVI, no disponían de acebo, planta asociada con la Navidad en el Viejo Mundo, así que la flor se utilizó como un sustituto para la decoración de iglesias. Un artículo de Sarah Romero para National Geographic lo atribuye a “su color rojo que representaba la sangre de Cristo, y a su forma de estrella que recordaba a la Estrella de Belén”.
Durante el siglo XIX, Joel Roberts Poinsett, embajador de Estados Unidos en México, se impresionó con esta flor y, como buen aficionado a la botánica, envió esquejes a su casa en Carolina del Sur, introduciendo la planta en el país en 1820. En su honor, la Flor de Pascua también se conoce como “Poinsettia”.
La asociación permanente con la Navidad
Tras la muerte de Poinsett en 1851, se empezó a popularizar el cultivo de la Flor de Pascua en Estados Unidos. En el siglo XX, el florista pionero Paul Ecke logró reproducir y crear variaciones de la Poinsettia que podían cultivarse fácilmente en invernaderos y macetas. En una exitosa estrategia de marketing, el empresario popularizó a la Poinsettia como “la flor de la Navidad”. Desde la década de 1980, está estrechamente vinculada con las celebraciones de fin de año.
