
Por Ángel Delgado Silva
Artículo de opinión
A menos de veinte días para la primera vuelta electoral lo más significativo es el amplio porcentaje de ciudadanos que no define aún sus preferencias. Ha sido la nota constante de todo este período de campaña. Y quizá sea el factor de generar un giro brusco que rompa la inercia del cuadro de favoritos de la contienda. Nos referimos al empate técnico de López Aliaga y Keiko Fujimori, seguido de un pelotón (Álvarez, López Chao, Acuña, Grozo, etc.), con variantes en su interior, que anhela alcanzar a los primeros. Algunos analistas dan por definitivo este escenario. Creen que de él saldrá el futuro Jefe de Estado. Argumentan que la gente se ha curado de la experiencia negativa que conllevó el régimen de Castillo–Boluarte.
Habrá que elucidar si este bolsón que superaría el 40% de los votantes, es un desencanto que optará por viciar la cédula o no sufragaría. O, si por el contrario, reafirma su apuesta por alguna candidatura radical y antisistema, como sucediera hace cinco años, en los comicios del 2021. En ambos casos se complica seriamente el futuro político del país. Ya sea porque el gobierno que surja de este vilipendiado proceso vería erosionada su legitimidad social de arranque. O, porque nuevamente el país tendría que soportar la amargura errática y el disloque de un redivivo Castillo 2.O., solo que más audaz, inteligente y peligroso.
Los únicos que no advierten esta deriva son los partidos democráticos, que encabezan las encuestas. Y lo peor, con la complacencia de quienes sueñan con un repechaje electoral sea entre los actuales punteros. Quizá por eso han lanzado sus baterías mediáticas contra el partido de Acuña y, en menor medida, el de Luna Gálvez. Es verdad que ambos exhiben un derroche de vicios y malas prácticas, que muy difícil escapan a una condena incontestable. Sin embargo, hay que reparar que tanto APP como Podemos no disputan la Presidencia de la República. Su interés se reduce a pasar la valla para hacer lo que hasta ahora. Pero independientemente de esta vocación por medrar, lo cierto es que –así se niegue– son fuerzas alienadas con la derecha nacional. Y, en esa medida, han contribuido al bloqueo de la izquierda. A las pruebas: sin sus votos el actual Parlamento hubiese sido dominado por el radicalismo en todas sus variantes, desde hace años. Las matemáticas no mienten al respecto.
A esta confluencia los caviares denuestan con el apelativo “pacto mafioso”. Y parece ser que ha movido escrúpulos novísimos de partidos que reniegan de lo que antes acordaron. Pero esta escaramuza por limpiarse de sus propias acciones, lleva a las fuerzas democráticas a descuidar el flanco izquierdo del espectro político. Y no perciben que por allí emergerá la principal amenaza a la República.
