Fujimori, Vizcarra y Álvarez enfrentan el mayor rechazo ciudadano –


Con rechazos de hasta 76%, los líderes tradicionales ceden paso al potencial electoral de López Aliaga y López-Chau.

El más reciente estudio de Ipsos revela un panorama político fragmentado donde el potencial electoral -la suma de quienes «definitivamente votarían» y quienes «podrían votar»- expone la fragilidad de las candidaturas actuales.

Mientras que Keiko Fujimori enfrenta un rechazo histórico del 76%, figuras como Rafael López Aliaga (39% RPE) y Alfonso López-Chau (35% RPE) lideran el ranking de aceptación relativa. Sin embargo, el sondeo subraya que la indefinición y el desconocimiento de los postulantes siguen siendo los factores determinantes en esta etapa temprana del proceso.

El muro del antivoto y la resistencia ciudadana

El dato más crítico del sondeo es el alto nivel de rechazo hacia la lideresa de Fuerza Popular, cuyo Ratio de Potencial Electoral (RPE) se desploma al 19%. Esta tendencia de resistencia también afecta a figuras con alta exposición mediática como Martín Vizcarra y el humorista Carlos Álvarez, quienes, a pesar de tener una base de apoyo, arrastran porcentajes de rechazo que superan el 50%.

Incluso el líder de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, aunque encabeza el potencial de voto, debe lidiar con un 51% de encuestados que aseguran que nunca votarían por él.

Desconocimiento: el reto de las nuevas figuras

A diferencia de los políticos tradicionales, candidatos como Alfonso López-Chau gozan de una aceptación aceptable entre quienes los conocen, pero enfrentan un 54% de desconocimiento. Esta situación es aún más aguda para otros aspirantes:

  • Ronald Atencio: 71% de desconocimiento.
  • José Williams y Roberto Sánchez: 68% de desconocimiento.
  • Carlos Espá: 61% de desconocimiento.

Es fundamental precisar que el RPE no es intención de voto directa, sino una medida de aceptación entre quienes conocen al candidato. El estudio concluye que, al no haber ningún aspirante que supere el 40% de potencial efectivo, el escenario para 2026 permanece abierto y dominado por la desafección política, donde el éxito de las campañas dependerá de reducir los niveles de rechazo y romper la barrera del anonimato en las regiones.

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