
En el aniversario 145 de la Batalla de Miraflores, la titular del PJ reafirmó la lucha por la integridad institucional.
La presidenta del Poder Judicial, Janet Tello Gilardi, instó a los magistrados a adoptar el heroísmo de los defensores de la Batalla de Miraflores como un referente ético para combatir la corrupción, la desigualdad y las amenazas a la independencia judicial.
Durante la conmemoración de la gesta del 15 de enero de 1881, la magistrada trazó un paralelismo entre la entrega de los jueces que dieron su vida en la Guerra del Pacífico y la responsabilidad actual de proteger la Constitución, la democracia y los derechos fundamentales frente a las adversidades políticas y sociales.
Un homenaje a la reserva moral y la unidad nacional
En una ceremonia solemne realizada en el Salón de Juramentos del Palacio de Justicia, Tello Gilardi reafirmó que el espíritu de sacrificio de los combatientes de 1881 es el motor que impulsa a la institución a no doblegarse en su misión de administrar justicia.
El evento contó con la participación de jueces supremos como Víctor Prado Saldarriaga, Elvia Barrios, Javier Arévalo, Jorge Salas Arenas y el comandante general de la Marina de Guerra, almirante Javier Bravo de Rueda. La presidenta subrayó que la unidad nacional mostrada en los reductos de Miraflores, donde combatieron ciudadanos de todas las condiciones sociales, representa el antídoto necesario contra el egoísmo y la división institucional.
La magistrada resaltó la participación directa de juristas en la defensa de Lima, enfatizando la labor del Batallón Número 4, integrado por magistrados, abogados y agentes judiciales que cayeron en el Reducto N°2. Este grupo estuvo al mando de Ramón Ribeyro Álvarez del Villar, quien años después presidió la Corte Suprema, consolidando un legado de coherencia entre la ley y el patriotismo.
Asimismo, se recordó a mártires de la justicia como Manuel Pino de Puno y Lima, José Manuel Irribarren de Tumbes, José Félix Olcay de Iquique y el agente judicial Tranquilino Velarde, quienes encarnaron la defensa de la soberanía nacional más allá de los tribunales.
El discurso también reivindicó el sacrificio de sectores históricamente invisibilizados que fueron fundamentales en la resistencia popular contra el ejército invasor. La doctora Tello destacó el papel de las «rabonas», mujeres indígenas y criollas que aseguraron la logística y el aliento bajo fuego enemigo, simbolizando hoy la lucha por la igualdad de género en el sistema judicial.
De igual manera, se exaltó la infancia heroica representada por estudiantes menores de 16 años y el caso emblemático de Manuel Bonilla, quien a los 13 años murió en combate, demostrando una defensa popular que integró a ancianos, afroperuanos y diversos grupos vulnerables por encima de cualquier jerarquía social.
