
A través de un memorando firmado, Donald Trump oficializó el desprendimiento de su país de un conjunto de 66 organizaciones, convenios y tratados, alegando diferencias ideológicas. Se sabe que 31 de ellos pertenecen a la Organización de Naciones Unidas (ONU), pero se desconoce la designación y dependencia de los otros 35. Si bien el gobierno ya había retirado fondos de organizaciones multilaterales no alineadas con el pensamiento de la administración, un anuncio de esta naturaleza a comienzos de año esboza una dirección para las prioridades del gobierno durante el resto del período. Según la revisión de causas realizada por la Casa Blanca, se trata de un “desperdicio del dinero de los contribuyentes”.
De acuerdo a CNN, muchas de las iniciativas en cuestión son “órganos consultivos que trabajan en clima, desarrollo, igualdad de género y conflictos, ámbitos que la administración Trump ha desestimado repetidamente, por considerar que promueven agendas globalistas o woke”. Dichas agencias se enfocan en flagelos económicos, sociales y ambientales, principalmente los derechos de las mujeres y poblaciones minoritarias, migración, educación, ciberseguridad y cambio climático, que el mandatario calificó como “engaño” en el pasado.
Entre las organizaciones específicas que pierden el favor de Estados Unidos, se encuentran Alianza Solar Internacional, el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral y el Instituto Panamericano de Geografía e Historia, todas afiliadas a la ONU y enfocadas en soluciones de corte humanístico y social.
«El presidente Trump lo tiene claro: ya no es aceptable enviar a estas instituciones la sangre, el sudor y el dinero del pueblo estadounidense, con poco o nada que mostrar a cambio», expresó el secretario de Estado, Marco Rubio, en declaraciones oficiales. Aunque la Constitución estadounidense no detalla las consecuencias directas de la ruptura de alianzas organizacionales, no blinda al gobierno de acciones legales en su contra.
