Muestras de gratitud por excelencia –


Por Valeria Cavero-Nota Especial por Navidad

Entre los preparativos característicos del fin de año, un evento que supone un honor y alegría para algunos (y un dolor de cabeza para otros) es la adquisición de regalos para la familia, amigos, compañeros de trabajo u otro allegado. Curiosamente, el día de Navidad se considera el “cumpleaños” de Jesús, pero quienes reciben obsequios son aquellos que participan de la celebración en torno a su llegada. Vigilar los regalos bajo el árbol y emocionarse al abrirlos posteriormente es uno de los recuerdos más comunes y dulces de la infancia. Ahora bien, a lo largo de su historia, esta práctica brindó alegría a grandes y chicos por igual.

Intercambio de algarabía y gratitud

En un artículo para English Heritage, el historiador Andrew Hann cuenta que, durante el último período de la Edad de Piedra (Neolítico), los humanos primitivos se reunían para celebrar el solsticio de diciembre, que sucede el 21 o 22 de dicho mes. Las investigaciones sugieren abundancia de comida, así como intercambios de objetos durante estas reuniones. Asimismo, en la época prerromana y romana, se solía regalar ramas de árboles sagrados en Año Nuevo, como deseo de buena fortuna.

Entre el 17 y el 23 de diciembre, durante Las Saturnales (festividades paganas dedicadas al dios Saturno, de la cuales se dice que la Navidad se inspiró) se entregaban “regalos baratos” acordes al espíritu austero de los participantes, incluyendo tablillas de escritura, lámparas, peines y pequeñas figuras de cerámica o cera, llamadas “sigilarias”. Con la expansión del cristianismo, el acto se vinculó a la entrega de ofrendas de los Reyes Magos, a quienes se celebra el 6 de enero.

La transición que hizo esta tradición a la época navideña sucedió en períodos posteriores de la historia. De acuerdo a Hann, puede atribuirse a varios factores, entre ellos la llegada a América de historias sobre San Nicolás, cuya fecha especial (6 de diciembre) ya era un motivo para dar regalos a los niños. En la época victoriana, los festejos navideños prescindieron de los excesos y se situaron en los hogares, y ajustaron su enfoque en el compartir familiar.

Un rotundo éxito

Hoy en día, los regalos no solo emocionan a quienes los preparan y reciben. También representan una temporada fructífera para los comerciantes, dispuestos a ayudar a quienes hacen sus compras navideñas en circunstancias caóticas, en mercados y centros comerciales. Según un estudio de BBVA, en 2022, los peruanos gastaron alrededor de 1200 millones de soles en Navidad, especialmente en el rubro alimenticio, dada la compra de pavos, panetones, chocolate de taza y otras delicias navideñas.

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